DESTINO
Observando a lo lejos, en ese momento todo fue muy claro. Al
cruzar la vista hasta el fondo del teatro que se vaciaba, vio la escena aquella,
que mucho antes soñó, de verla contenta y acompañada, ungida por los suyos en
lo que es su vida, y que él a lo lejos era tan solo un observante, al borde de
ser un fisgón que roza en el chisme, mirando un beso fugaz que no lo incluía, y
que tal como se le anunció; la Flor se convertiría después de ese momento en
sombra, una sombra densa, que al salir y cruzar por la calle desaparecería. El destino,
el destino; se lo había dejado en claro mucho antes de esa mañana, calcula que
una semana antes, alrededor de las 3 de las madrugada, antes de despertar de un
salto, exaltado por una fantasía que terminó en pesadilla ahogándolo, por
aquellas fechas en las que comenzó a caer en cuenta que la podría ver de nuevo,
después de los meses que pasaron de esa conversación fugaz, en la que el
destino también le avisó mucho antes; que la vería solo por unos minutos, que conversarían
un rato, pero que sin embargo, después por más que quisiera alcanzarla no
podría, no por huir de él exactamente, si no por eso, de las cuerdas paralelas
que los mantenían o mantendrían alejados, por convencimiento y certeza, por lo
menos por esta vida, que las cartas y las chances que tendría, de quererse jóvenes
ya se quemaron, y que lo seguro era esperar, a que el curso de los años acaben
con su vidas, y que era mejor echar la suerte a creer en la reencarnación de la
carne, en el perdón de los pecados.
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