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Mostrando las entradas de enero, 2026

RECLAMO

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   Voz de noche agotada. Suplicante de amor, Cansada. Pidiendo caricias que no se entienden, Susurrando cariño, aunque sea incipiente. —¿No me ves sufrir? Dice, ante un oído cerrado, Igual de agotado, Frustrado. —¿Será un castigo el deseo que no alcanza a ir detrás de mí? Pregunta. Reclama. Haciendo surcos con las yemas sobre su cara, Revolcando de a poco el cuerpo entre las sábanas. —Dime, si este es mi cierto castigo. Por tomar cruelmente su deseo. Por hacerle creer, le quiero. Convencerme que le quise. No me canso de preguntar, después de haberme transformado   en una triste voz suplicante, que llora por completo frustrada   y se hace a cada minuto consciente que el deseo no buscará más.

LOS VAMPIROS

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  El día pensando en los vampiros. En los que son como vampiros. Que te chupan la energía, Sin dejar apenas marcas en la carne. Te devoran. Te consumen, Sin respiro les dejas partes de la mente Y sin notarlo la has perdido por completo. Qué gentiles que son, los vampiros por dejarnos sin cabeza. Por consumirnos de a poco y sin notarlo, Y de la nada dejarnos desprovisto; Del criterio y la razón, De la paz, La diversión. De hacernos bestias de la noche, Y ajenos por completo de la luz, del día. Que gentiles que son los vampiros, Que dulce ha de ser nuestra sangre, Que de devorarla tanto se hinchan, Se colman de lo que respiro, Y me matan hasta agobiarse. Que dulce ha de ser nuestra sangre.