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Mostrando las entradas de noviembre, 2021

UN DÍA CUALQUIERA (MICROCUENTO)

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  Inicio. Despierto afligido. Me obligo a no salir de la cama. Sofocante ruido urbano revienta en las ventanas. Tengo hambre. Necesidad de salir a comprar pan para saciarme. Desarrollo. Me levanto, me visto, salgo. Se montan en el ascensor variopintos vecinos. No les miro las caras. Saludo al conserje. Cruzo la calle. El sofocante ruido por momentos choca en mí. Un punki ya mayor, vestido de “animal print” de pies a cabeza y coronado por una peluca rosada baila cumbia mientras un vendedor de máscaras con la cara de Ben Brereton lo observa con una muestra de su mercadería cubriéndole el rostro. A mi izquierda una señora le quita el bastón a su marido, retándolo a que camine ahora que le ha quitado el bastón. Desenlace. Pintoresco, me río. Compro el pan, me devuelvo, me subo al ascensor. Me río. Preparo el desayuno. Carcajadas. Termino de comer y lo surreal de la escena no se ha escapado de mi mente. Escribo un cuento. Fin  

REFLEXIÓN DE UN ESQUELETO AL CUAL LA MUERTE SE OLVIDÓ DE GUIARLO AL PURGATORIO

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  No soy más que un puñado de huesos. Dispersos. Sueltos. Un puñado de huesos sobre un campo de sal y arena. Amarillento, y tan infinito como se puede imaginar. Y es la misma sal la que poco a poco trata de deshacerme, junto a los rayos del sol que patéticamente tratan de quemarme. Hoy por hoy soy un ser imaginado. Único en su especie. Un puñado de huesos que, sin explicación aparente, no han podido perder su alma. Daría todo el oro del mundo por perder mi alma y abandonar este deceso cuyo fin parece no aproximarse nunca. Porque si bien la sal me carcome y el sol de una forma que llega a ser tierna trata de sofocarme. No logro perecer. Y es en esta posición derrotada y a la vez conformista que he perdido la cuenta de los días, de las noches que han pasado desde que la carne me abandonó completamente, desde que perdí mi corazón, mis pulmones, la piel y mi armazón quedó desnudo. He perdido la cuenta de los amaneceres que he visto sin ojos, de las veces que escuche sin tímpanos ...

Te he visto un par de veces

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  Dos frases repetidas una y otra vez. Se queda. Porque con la cortina entreabierta y la mitad del cuerpo entremedio de las sabanas escribo algo. Comienza con algo así como que te he visto un par de veces. A quién. Alguien que apenas conozco. Se apilan letras y forman columnas que sostienen Párrafos Con frases que aluden a una proeza, realizada por esta heroína. Como que Es capaz de desvirtuar a la belleza Con la Suya Dejar obsoletos cánones. Me abruman un poco los rugidos mecánicos del exterior. Recuesto la cabeza en la pared y enciendo un tabaco. La pantalla del computador tirita. Tú ¿Qué podré saber yo de ti? Repito las misma frases Fin de la escena con el tabaco en la mano. Desvirtúas a los cánones, ridiculizas la belleza. Me haces ser ridículo, caer en frasecitas sacadas de poemarios de feria artesanal. ¿Qué podré saber yo de ti? Que tienes grandes ojos en medio de un campo pálido Que parece que algo de sol se quedó atrapado en tu pelo Que a rat...