RECLAMO
Voz de noche agotada. Suplicante de amor,
Cansada. Pidiendo caricias que no se entienden,
Susurrando cariño, aunque sea incipiente.
—¿No me ves sufrir? Dice, ante un oído cerrado,
Igual de agotado,
Frustrado.
—¿Será un castigo el deseo que no alcanza a ir detrás de mí?
Pregunta. Reclama. Haciendo surcos con las yemas sobre su
cara,
Revolcando de a poco el cuerpo entre las sábanas.
—Dime, si este es mi cierto castigo. Por tomar cruelmente su
deseo.
Por hacerle creer, le quiero. Convencerme que le quise. No
me canso de preguntar, después de haberme transformado
en una triste voz
suplicante,
que llora por completo frustrada
y se hace a cada minuto
consciente
que el deseo no buscará más.
Comentarios
Publicar un comentario