FIESTAS (Reescritura)

 

Entre medio de una hora de la madrugada, incapaz de determinarla, repasé en mi cabeza aquel último momento, aquel último detalle que me hizo sentir que había perdido el control, y por consecuencia, la situación se escapó de mis manos. Que amargo el sabor de saber que soñaré contigo, que te veré inverosímil de creer que después de esta noche no habrá más, y que solo en nuestros, (o en mis sueños) podré seguir leyéndote al oído. Me quedé parado esperando, sosteniéndome en una leve fe ingenua de que te darías la vuelta, mas solo te vi desvaneciéndote, en medio de una tormenta incapaz de soltar una sola gota de lluvia, y debajo de esas viejas luces naranjas que solo me confirmaban que te ibas, al ver tu sombra cada vez más negra y tu cuerpo más pequeño. Ibas al ritmo ese, que solo son capaces de llevar los que viven en una ciudad muy grande. Desapareciste en perspectiva, y me quedé ingenuo viéndote desaparecer. —¿Dará lo mismo? Me dije. —No lo da. Me respondí. —¿En cuántas silabas se fue todo a la mierda? No más de diez, y un poco más de cinco. Nada de lo que dije quise, no quise, decirte nada.

—Perdona. Dije veloz, tratando de cerrar la herida.

Por clavar el puñal. Perdona.

Que de un segundo a otro mi lengua se volvió de acero, y de tu paladar brotó la sangre tibia, los besos dejaron de ser dulces, se extinguieron las caricias, se nos secaron las pupilas, y de pronto tu silueta era más pequeña. Antes, vi unas gotas, o quizás después recuerde, que estuvo lloviendo, que en verdad no pasamos la tarde entera en el parque, y que nunca me confesaste lo que dijiste. No te volví a besar como hace tanto que no hacía, y solo vi tu piel diluirse, tus ojos desaparecer, y más de lo mismo.

—Así es como debe ser. (Tendría que ser)

Ahora sobre el blanco del techo, nada, de a poco me voy olvidando. Ya casi ni me acuerdo.

—¿En que momento? ¿Cuál fue la palabra?

Supongo que cerca de las veintitrés, hablando de un regalo de navidad.

Cuando no te vi más, confuso, vi otras sombras y sonrisas, leí otros mensajes. Pero, todo se me hacía esquivo, algo más que tu silueta y nuestra sangre se deshizo. Volví al auto, me fui a mi casa, y en un pestañeo estaba de nuevo mirando al cielo de la habitación, y tu cuerpo de nuevo se pierde, en mi mente te vuelves una sombra, y tu rastro se hace inubicable, tanto te quería, como pasar juntos la tarde de fiestas que habíamos pasado, pero no de este año, si no tú sabes; el anterior.  



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